Eso que el líder de la Velvet Underground señala
como una virtud del autor de “Adiós
muñeca” fue marcado como un defecto por muchos críticos. Gente tan prestigiosa
como Martín Amis dijo que la narrativa de Chandler estaba fechada, mientras que
no son pocos los críticos que consideran a Dashiell Hammet y a Mickey Spillane
como mejores representantes del género. Estos conceptos quizás se deban a que el
universo chandleriano no se centra para nada en la resolución de un misterio,
si no que ahonda en la creación de ambientes y en la voz – cínica y
omnipresente – de su protagonista, cuyas observaciones son verdaderos latigazos
verbales. Esa sequedad narrativa es la que lo acerca más al lenguaje del blues
y el rock antes que al del canon literario. Es lo que lo hizo admirado entre
gente tan dispar como el prestigioso poeta W.H. Auden y el autor de novelas de
espionaje Ian Fleming.
Es
difícil arriesgar que habría dicho Chandler si se hubiera enterado que Osvaldo
Soriano – uno de sus grandes admiradores – incluyó a Philip Marlowe como uno de
los protagonistas de “Triste, solitario y final”. Aunque pensándolo bien es
probable que la escena en la que el autor argentino y el detective boicotean la
entrega de los Oscar le hubiera divertido en grande. Después de todo se trata
de un evento que celebra el dinero y lo ostenta groseramente, conductas que el
escritor denunciaba desde sus novelas. Como señala Ricardo Piglia en un ensayo
sobre el policial negro: “El
dinero que legisla la moral y sostiene la ley es la única razón de estos
relatos donde todo se paga. Allí se termina con el mito del enigma, o mejor, se
lo desplaza”. En la colección de relatos “El simple arte de matar” Raymond Chandler deja todo bien claro con una elocuente introducción: "el autor realista de novelas policiales habla de un mundo en el que los gangsters pueden dirigir países: un mundo en el que un juez que tiene una bodega clandestina llena de alcohol puede enviar a la cárcel a un hombre apresado con una botella de whisky encima. Es un mundo que no huele bien, pero es el mundo en el que usted vive. No es extraño que un hombre sea asesinado, pero es extraño que su muerte sea la marca de lo que llamamos civilización". ¿Por qué matamos, mentimos y robamos? ¿Por qué nos corrompemos? Ese es sin lugar a dudas el misterio más grande de todos. Y sigue sin resolverse.
